Ir a un restaurante situado en una cueva es ya de por sí una experiencia diferente, exotérica, misteriosa; pero si además tiene galerías, pequeñas grutas y pasillos la sensación se incrementa. Es un plan que a los niños les entusiasmará, os lo aseguro.
Las Cuevas o Caños, como se denominan en El Molar, son unas excavaciones realizadas en tres de los cerros que circundan el casco urbano del Municipio (Cerro de la Torreta, Majarromero’, y ‘El Cabezo’), y se adentran en las entrañas de los mismos para conservar buenos vinos.
Desde la época musulmana –son de origen árabe- y también tras la Reconquista cristiana, las cuevas de El Molar se utilizaban para que los vecinos guardasen el vino y algunos alimentos. Más de quince de ellas se convirtieron en la segunda mitad del siglo pasado en restaurante, otorgando fama a esta localidad que hasta 1830 formó parte de la provincia de Guadalajara. Alrededor de 200 cuevas son en la actualidad bodegas de varietales de uva tinta, moscatel, garnacha y malvar.
Hay muchas más cuevas restaurante en las que podéis probar sus delicias culinarias, como el borrego con sal y ajos o su famosa sopa de morcilla, pero nos hemos decantado por estas dos.
La Cueva del Lobo

Es uno de los locales de restauración más famosos en los que disfrutar de las excelentes carnes de la zona –destacan el chuletón, las chuletitas y las brochetas-, los quesos ibéricos, el chorizo, la chistorra y la morcilla. Mención aparte merecen los postres caseros: arroz con leche, cuajada, flan de huevo, natillas, tiramisú… El restaurante La Cueva del Lobo está excavado en la roca y cuenta con chimenea y braseros de ascuas. Está en la calle de Santa María de la Cuesta, 14. Conviene reservar en este restaurante, ya que ahora las comidas y cenas se realizan en dos turnos (teléfono: 639 85 18 01) y abre de viernes a domingo. Turnos de comidas: de 13:00 a 15:00 y de 15:15 a 17:30. Turnos de cena: de 20:00 a 22:00 y de 22:15 al cierre.
La Cueva de Krusty

Este restaurante era anteriormente una antigua bodega o lagar de elaboración de vinos. Inaugurado el 17 de Julio de 2009, ya forma parte del ecosistema de El Molar, diferenciándose por apostar por una comida fusión frente a los tradicionales platos del resto de las cuevas de la zona.
El sitio es pequeño pero acogedor, con una bonita decoración. De su carta destacan el provolone con boletus, su especialidad en carnes de buey Wagyu japonés o los de Tajines mar. El pan es casero, y entre los postres llama la atención la tarta de manzana hojaldrada con almendras y helado.
Otros encantos de El Molar
En los siglos XVIII y XIX, las aguas sulfurosas del manantial de la Fuente del Toro, se hicieron muy famosas debido a sus propiedades. Se llegó a crear un balneario y destacadas personas de la época –como Godoy, la duquesa de Alba, el conde de Romanones, Francisco de Goya- bebían las aguas. Allí siguen hoy las instalaciones del Canal de Isabel II. Ya en el siglo XX, la localidad se hizo tan popular que se rodaron destacadas películas (55 días en Pekín o El Cid Campeador).
Otro motivo más para que hagáis una escapada a El Molar, una visita a su recoleta Plaza Mayor o a la Iglesia de la Asunción, de estilo gótico, a la Ermita de la Soledad (siglo XVI) y también al Jardín de Pájaros, que cuenta con más de 120 especies de todo el mundo. Y, para los más moviditos, senderismo en el área recreativa de La Ermita. En fin, todo un plan en familia.
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