¿Es seguro llevar a los niños a las atracciones de Feria? Yo no lo haría

feria con niños

Si atendemos a las últimas noticias del pasado fin de semana cuando en la madrugada del domingo se produjo un fatal accidente que acabó con la vida de una niña de 2 años y dejó a otros tres menores heridos, evidentemente no.

Los hechos ocurrieron en la pedanía murciana de Alquería en unas camas elásticas donde los niños se electrocutaron, según confirmó el Centro de Emergencias. Mientras que los pequeños de 8, 11 y 12 años, no presentaban síntomas graves y pudieron recuperarse, la niña de 2 años de edad no pudo superar la descarga eléctrica a pesar de los esfuerzos de los equipos sanitarios, falleciendo trágicamente a la 1 de la madrugada.

Estos accidentes te hacen que pensar. Llevas a los niños a la feria, a que disfruten, a que lo pasen bien, y un cable mal puesto arruina la vida de una familia para toda la vida. Destino cruel y perverso. La pregunta a posteriori no es otra que ¿se podía haber evitado? Y la respuesta obvia es que sí, seguro que sí. Yo también me pregunto, ¿pero es divertido llevarlos? Para ellos sí, claro, otra cosa es si preguntamos a los padres.

Dan verdadero miedo algunas ferias ambulantes de los pueblos

Es cierto que no soy muy fan de las ferias ambulantes que aparecen en la mayoría de las fiestas patronales de los pueblos de cierta relevancia. No me gusta el ensordecedor ruido que hacen cada una de las atracciones ampliando el volumen de la música a niveles de ‘after hour’ prácticamente a niveles delictivos, pisándose unos a otros. Detesto el reguetón y el rap y sus sucedáneos, pero si en una zona de intersección puedes escuchar tres aborrecibles canciones, de Lola Índigo, Rosalía o Bad Bunny, las alteraciones psíquicas que producen seguro que tienen efectos irreversibles en el cerebro, por lo menos en el de los adultos. No entiendo por qué no se ponen de acuerdo y utilizan el mismo tema musical razonablemente repartido por los altavoces de cada una de las atracciones.

Luego están los precios abusivos por unos minutillos en el cutre y desvencijado ‘Tío Vivo’, el casposo parque hinchable de turno o esos autos de choque de la edad de piedra. Los precios un robo. A tres minutos de atracción por cinco euros cada una, en quince minutos te has dejado 25 ‘pavos’, lo que cuesta una entrada en un parque de atracciones.

La simpatía de los que atienden no suele ser nunca desbordante. Te miran con seriedad y, si no pagas cash, que tus hijos se olviden de subir a ningún sitio. Más de una vez he simulado en mi mente lo que debían estar pensando «Sabes que te estoy robando, pardillo. Pero te tengo en mis manos porque no vas a ser capaz de negarle a tus hijos que se monten en mi porquería de atracción».

El olor fritura se impregna hasta en tu alma

fritura de feria

Cuando ya has conseguido salir de la zona de las atracciones, a pesar de los múltiples ruegos de tus hijos, (con suerte sin pataletas), no te queda más remedio que pasar por la zona de los puestos y rociarte de esencia de chorizo frito o de churros requemados por todo el cuerpo. Intentas zafarte de semejante agonía bebiendo algún refresco o cerveza tibia y la cosa no mejora. Es la hora del pringoso algodón dulce, de las manzanas de caramelo o de las incalificables (deberían estar prohibidas por ley) ‘salchipapas’.

Pero a pesar de todo, los niños se lo pasan en grande y reciben un chute de adrenalina y felicidad que te obliga a llevarlos al año siguiente irremediablemente. Eso sí, como vivas fuera de la ciudad estás perdido, porque probablemente habrá una localidad cercana donde se habrán traslado a la semana siguiente y donde desgraciadamente volverás a estar.

El problema real es la seguridad

Pero todos estos asuntillos molestos, probablemente fruto de mis fobias, me importarían un comino si la seguridad de estas ferias ambulantes estuviera a prueba de toda duda. No dudo que quizás la mayoría de ellos tienen una gran experiencia fruto de su gran actividad. Que quizás por un error no debemos calificar a un gremio. Puede ser. Sin embargo, hay algo que me desconcierta y que me pregunto cuando observo con atención esas atracciones cutres, oxidadas, descoloridas, con manojos de claves sin orden ni concierto y cuyo sistema de anclaje al suelo a veces son meras cuñas de madera para equilibrar la maquinaria. ¿Por qué hay tan pocos accidentes?

En el caso del desgraciado accidente al que nos referíamos, también me pregunto por los sistemas de seguridad de los cables que surcan el suelo. Y si están verdaderamente aislados y son impermeables al agua. Porque yo he estado cuando hay cierto chirimiri. Es decir, estando mojado el suelo de la feria.

Como he estado fuera el fin de semana me libre de ir a la feria. Lamentablemente no calculé que lunes todavía estaban abiertas las atracciones, eso sí, a mitad de precio.

Lo dicho. Imposible librarse.

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