Si algo tiene el brunch de Fishers Madrid, además de sabor, es personalidad. Aquí no te reciben con mantequilla y pan, sino con un caldo de cortesía al más puro estilo mexicano, pensado para ‘hacer estómago’ y abrir bien el apetito.
Es ese gesto inesperado que marca la diferencia y te deja claro que estás en un sitio especial, ideal para disfrutar en pareja, con amigos o en familia. Porque este brunch no va solo de lo que comes, sino de cómo lo vives.
Lo que viene después está aún mejor


A partir de ahí, la experiencia solo sube. En la carta del brunch mandan los sabores auténticos: chilaquiles con mariscos, molletes gratinados con frijoles, quesadillas de pescado, enchiladas con salsas caseras, tortillas suaves, pico de gallo, queso fundido…
Todo tiene ese toque casero y sabroso que apetece a media mañana, sobre todo si vas en modo plan de finde largo o desayuno tardío sin prisas.
Y para los que no perdonan el postre, no faltan los clásicos dulces con el sello Fishers: hot cakes con helado y queso crema, tostada francesa con miel de maple, fruta fresca o café bien servido.
El brunch se sirve a su ritmo (y eso también mola)

El horario es viernes y sábado de 11:00 a 13:30, y los domingos desde las 10:00 hasta las 13:30. Suficiente para disfrutar sin madrugar…
El local está en calle Velázquez 41, en una de esas zonas donde todo apetece un poco más. Decoración cuidada, ambiente relajado, luz bonita y servicio atento.
Comida rica, detalle inesperado y planazo asegurado
El brunch de Fishers no intenta parecerse a nadie. Es sabroso, diferente y tiene ese algo que lo convierte en plan de fin de semana obligatorio: un sitio donde empiezas con caldo, terminas con cóctel… y entre medias solo pasa lo bueno.
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