Entre dehesas, sierras y embalses, la Comunidad de Madrid ha sido durante más de un siglo un inmenso plató natural al aire libre. Aunque pocos lo saben, aquí se han grabado desde superproducciones de Hollywood hasta clásicos del cine español. Esos rodajes transformaron el paisaje madrileño en escenarios tan variados como la antigua Roma, el Lejano Oeste o las islas del Pacífico.
Paisajes que parecen de otro mundo
Madrid es mucho más que una capital llena de gente. En su territorio conviven montañas nevadas, llanuras abiertas, bosques frondosos y hasta ecosistemas casi intactos. Esa diversidad natural ha sido una joya para la industria del cine, que ha encontrado en la región madrileña el lugar perfecto para ambientar todo tipo de historias.
Aunque, como dice la conocida canción, en Madrid no hay playa, el cine ha sabido suplir esa carencia. Un ejemplo es Molokai, filmada en 1958, que convirtió el embalse de Santillana en un exótico mar del sur.
Los primeros rodajes en escenarios naturales
Desde los años 20, Madrid ha sido escenario de filmaciones. Películas como Le vert galant (1924), grabada en San Lorenzo del Escorial, o Oro vil (1941), rodada en Manzanares el Real, abrieron el camino para un sinfín de producciones. El norte de la región se convirtió en una referencia cinematográfica internacional, especialmente gracias a Las Rozas y su conexión con el mítico productor Samuel Bronston.
Samuel Bronston y las superproducciones
En los años 50, el productor estadounidense Samuel Bronston instaló en Las Matas unos estudios cinematográficos gigantescos, los mayores de su época. Con 27 edificios a escala real, miles de esculturas y un equipo de más de mil personas, aquí se grabaron películas como La caída del Imperio romano, El capitán Jones o 55 días en Pekín.
Bronston eligió Madrid por sus costes bajos, la disposición total del régimen franquista y la riqueza de sus escenarios naturales. Fue tal su influencia, que se le permitió grabar en lugares tan emblemáticos como el Palacio Real o vaciar el estanque del Retiro para instalar una carpa de circo.
El cine como motor económico y cultural
Las grandes producciones extranjeras no solo cambiaron la imagen del país en el exterior, pues también generaron miles de empleos locales. Espartaco, dirigida por Stanley Kubrick, contrató a 10.000 figurantes madrileños. Y Orgullo y pasión movilizó a decenas de pueblos serranos, llevando trabajo a zonas muy castigadas por la posguerra.
Las estrellas de Hollywood también dejaron huella. Ava Gardner, Frank Sinatra o Sofía Loren revolucionaron la vida social madrileña, desafiando la moral franquista con su estilo de vida libre y despreocupado.
Del western al cine de autor, entre pueblos y montañas
Hoyo de Manzanares, Colmenar Viejo y La Pedriza se convirtieron en los rincones favoritos del género western. En Hoyo se levantó el famoso poblado Golden City, donde se grabaron más de 200 películas. Y en la Dehesa de Navalvillar, en Colmenar, se construyó en 1958 el primer pueblo del Oeste de España, el poblado Mitxelena, del que aún quedan restos.
También se rodaron épicas como Espartaco, El Cid, Alejandro Magno y obras maestras como Campanadas a medianoche.
La pedriza, el gran set de rodaje natural
Uno de los lugares más emblemáticos para el Madrid cine es sin duda La Pedriza. Este espectacular paraje rocoso ha sido fondo de películas protagonizadas por mitos como Clint Eastwood, Charlton Heston, Sofía Loren o Gina Lollobrigida. Tanto es así, que uno de sus sectores es conocido como ‘El Rodaje’.
El castillo de los Mendoza, en Manzanares el Real, también ha tenido un papel protagonista en múltiples rodajes.
Cuando la naturaleza se convierte en protagonista
En 1975, el Hayedo de Montejo sirvió de escenario a Furtivos, una de las películas más impactantes del cine español. En ella, el bosque no solo es paisaje, sino personaje principal, pues envuelve la historia con su atmósfera densa y misteriosa.
Hoy, muchos de estos lugares aún pueden visitarse. Caminar por ellos es recorrer al mismo tiempo la naturaleza madrileña y la historia del cine. Desde superproducciones americanas hasta clásicos nacionales, Madrid ha sido, y sigue siendo, uno de los grandes platós del cine europeo.
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